Cuando surgieron estas
reflexiones me estaba retando a mí misma, suceso poco común para una conciencia
libertina como la mía, que vive justificando su vagancia alegando con tonos de
orgullosa autoridad: “yo funciono mejor bajo
presión.”
En fin, me estaba retando… sí,
porque empecé a volar soñando con títulos y postítulos alcanzados en lugares
remotos del mundo, la sonrisa en la cara repitiéndose a sí misma “qué lindo sería”; de pronto, mi mirada
se posó sobre la pila de libros que no estoy leyendo y lo que eso representa:
el trabajo que no empecé a escribir.
¡INMADURA! Te basta con soñar posibles que se transforman en imposibles desde el mismísimo momento en el que preferís tus ideas voladoras a controlar tus responsabilidades presentes.
Mi mente me dijo eso entre mil
cosas más. Pero sobre todo, me dijo inmadura. Y entonces yo reté a mi mente –me
tomo esos atrevimientos a veces porque en mi vida prácticamente reto a todo lo
que se cruza por mi camino-
¿Vos me decís inmadura a mí? ¡A ver si sos tan viva! ¿Qué es madurar? Porque yo tengo muy en claro que si madurar se trata de ciertas cosas, es muy probable que me rehúse a hacerlo y aún menos a sentirme ofendida si debo ser rotulada de inmadura.
¿Madurez es adultez? ¿Es
responsabilidad? ¿Es ser serio? ¿Dejar de llorar? Parecería que la madurez es
una meta a alcanzar por todos, pero yo me pregunto quién habrá sido el que pintó la línea de llegada. Todos sabemos
cuándo una fruta está madura, llegó a su punto, terminó su proceso; pero es muy
fácil, porque –perdón reino vegetal- pero todas las manzanas son iguales.
Nosotros no somos frutas.
Jáctense de la madurez, regodéense
de sus procesos terminados y señalen a aquellos que cruzan tarde la meta. Yo
entiendo que nadie me conoce, ni yo me conozco; no sé de procesos con inicios y
llegadas… solo de pasados, presentes y sueños. No me interesa tu meta, ni tus
promedios y records, nadie sabe de mis heridas ni de lo que deberán tardar en
curarse.
Madurar no es cuestión de tiempos
ni de estadísticas, es estar bien con uno
mismo. Yo no quiero madurar si para vos eso implica que deje de hablar en
diminutivo, cantar a los gritos, sentirme cómoda haciendo dibujos con las
Fabercito y las JOVI, dejar de dormir con una oveja de peluche y poner cara de
esperanzada cuando miro una nube. No pienso dejar de llorar una vez por mes, ni
de ver películas de Disney; tampoco tengo planes para mi futuro más próximo de
alcanzar la estatura promedio para mi edad (como si eso dependiera de mí J) Sin embargo, me
siento grande.
Me siento así, porque para mí la
madurez es ser libre de las expectativas y aspiraciones de los otros,
para dedicarme a mis tiempos,
comprenderlos, dejarlos ser como soy yo misma. Es también ayudarme a ponerme
bajo presión y así animarme a reinventarme. Madurez es retarme utilizando como
parámetro lo máximo que puedo dar yo, no el resto.
No somos frutas, no venimos prefabricados,
no hay un techo para tu desarrollo… tampoco se acaba tu tiempo.
No te compares con nadie.
Juli.-

Me encantó mebasa!!! :) quien quiere madurar ai implica dejar de soñar, igual hay gente q es fruta como la pera! Jaja. Sos linda las palabras q usas me gustan mucho. Amarte!!! Yo solo pido q me dejen seguir soñando
ResponderEliminar¡La pera! Sos una genia meba, imposible que dejes de soñar (y más después todo este mes tuyo de relajación, aflojale) Love you ♥
EliminarSoy la mejor eso pasa!!! Jajaja necesito volver y dejar de soñar y pensar. Te extraño mucho
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