viernes, 8 de febrero de 2013

¡No somos fruta!



Cuando surgieron estas reflexiones me estaba retando a mí misma, suceso poco común para una conciencia libertina como la mía, que vive justificando su vagancia alegando con tonos de orgullosa autoridad: “yo funciono mejor bajo presión.”

En fin, me estaba retando… sí, porque empecé a volar soñando con títulos y postítulos alcanzados en lugares remotos del mundo, la sonrisa en la cara repitiéndose a sí misma “qué lindo sería”; de pronto, mi mirada se posó sobre la pila de libros que no estoy leyendo y lo que eso representa: el trabajo que no empecé a escribir.

¡INMADURA! Te basta con soñar posibles que se transforman en imposibles desde el mismísimo momento en el que preferís tus ideas voladoras a controlar tus responsabilidades presentes.

Mi mente me dijo eso entre mil cosas más. Pero sobre todo, me dijo inmadura. Y entonces yo reté a mi mente –me tomo esos atrevimientos a veces porque en mi vida prácticamente reto a todo lo que se cruza por mi camino-

¿Vos me decís inmadura a mí? ¡A ver si sos tan viva! ¿Qué es madurar? Porque yo tengo muy en claro que si madurar se trata de ciertas cosas, es muy probable que me rehúse a hacerlo y aún menos a sentirme ofendida si debo ser rotulada de inmadura.

¿Madurez es adultez? ¿Es responsabilidad? ¿Es ser serio? ¿Dejar de llorar? Parecería que la madurez es una meta a alcanzar por todos, pero yo me pregunto quién habrá sido el que pintó la línea de llegada. Todos sabemos cuándo una fruta está madura, llegó a su punto, terminó su proceso; pero es muy fácil, porque –perdón reino vegetal- pero todas las manzanas son iguales. Nosotros no somos frutas.

Jáctense de la madurez, regodéense de sus procesos terminados y señalen a aquellos que cruzan tarde la meta. Yo entiendo que nadie me conoce, ni yo me conozco; no sé de procesos con inicios y llegadas… solo de pasados, presentes y sueños. No me interesa tu meta, ni tus promedios y records, nadie sabe de mis heridas ni de lo que deberán tardar en curarse.

Madurar no es cuestión de tiempos ni de estadísticas, es estar bien con uno mismo. Yo no quiero madurar si para vos eso implica que deje de hablar en diminutivo, cantar a los gritos, sentirme cómoda haciendo dibujos con las Fabercito y las JOVI, dejar de dormir con una oveja de peluche y poner cara de esperanzada cuando miro una nube. No pienso dejar de llorar una vez por mes, ni de ver películas de Disney; tampoco tengo planes para mi futuro más próximo de alcanzar la estatura promedio para mi edad (como si eso dependiera de mí J) Sin embargo, me siento grande.

Me siento así, porque para mí la madurez es ser libre de las expectativas y aspiraciones de los otros, para dedicarme a mis tiempos, comprenderlos, dejarlos ser como soy yo misma. Es también ayudarme a ponerme bajo presión y así animarme a reinventarme. Madurez es retarme utilizando como parámetro lo máximo que puedo dar yo, no el resto.

No somos frutas, no venimos prefabricados, no hay un techo para tu desarrollo… tampoco se acaba tu tiempo.




No te compares con nadie.







Juli.-

3 comentarios:

  1. Me encantó mebasa!!! :) quien quiere madurar ai implica dejar de soñar, igual hay gente q es fruta como la pera! Jaja. Sos linda las palabras q usas me gustan mucho. Amarte!!! Yo solo pido q me dejen seguir soñando

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡La pera! Sos una genia meba, imposible que dejes de soñar (y más después todo este mes tuyo de relajación, aflojale) Love you ♥

      Eliminar
  2. Soy la mejor eso pasa!!! Jajaja necesito volver y dejar de soñar y pensar. Te extraño mucho

    ResponderEliminar